Historia de la BEAEP

Llevamos 90 años rescatando y promoviendo la cultura nacional

Historia de la BEAEP

A mediados de 1927, volvía a tierras ecuatorianas un joven quiteño que años atrás, por razones políticas de la época, había tenido que partir junto con su familia tierras europeas para proseguir sus estudios y vocación a la vida religiosa. El P. Aurelio volvía de Europa con mucha sabiduría en su mente y corazón. Había recorrido muchos países bebiendo de las mejores fuentes y ahora estaba en los límites de una pequeña población ubicada al norte de Quito, en medio de campos, fincas y parcelas en donde iniciaría su titánica tarea espiritual y humanística.

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La revista “Mi Colegio” del Colegio San Gabriel publicó una noticia en su edición de 1930 que con el pasar de los años se ha convertido en una referencia clave para la cultura de nuestro país: el nacimiento de una Biblioteca de Autores Ecuatorianos en la población de Cotocollao, al norte de Quito.

La motivación principal que tuvo el P. Aurelio residió en el amor que profesó a su amada tierra quiteña y ecuatoriana. Él fue un apasionado por todo lo ecuatoriano que tuviese un carácter singular para la memoria y patrimonio nacional. Se sintió llamado a rescatar, cuidar y organizar todos los escritos desde los albores de la Real Audiencia de Quito hasta el primer tercio del siglo XX. Su vasto conocimiento de la cultura europea le había enseñado que la conservación de los bienes más preciados que conforman la identidad y carácter de una nación es tarea fundamental no sólo para las entidades públicas culturales, sino una obligación para todo ciudadano.

Causa admiración la audacia creadora del P. Aurelio, porque la empresa que se gestaba en un lugar alejado de Quito no había tenido lugar antes en ninguna parte de nuestra patria, y quizá, a nivel universal. La cruzada intelectual del P. Aurelio era algo completamente distinto a todo lo conocido: él fundó una biblioteca no especializada en una materia, ni tampoco abierta a documentos foráneos, ni asociada a algún centro educativo. Su visión fue genuinamente patriótica al crear una biblioteca netamente ecuatoriana que contuviese todos los documentos, escritos y obras de autores ecuatorianos. Y esta biblioteca estaba dirigida ¡por un sacerdote jesuita que tenía el apoyo de contados novicios y estudiantes de la orden!

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No conocemos hasta el día de hoy una obra semejante a la Biblioteca Ecuatoriana que con toda justicia hoy lleva el nombre del P. Aurelio. En los últimos años hemos conocido empeños personales de hombres de fortuna que han invertido parte de su patrimonio en bibliotecas que han alcanzado reconocimiento, sin embargo, ninguna ha nacido con el propósito tan definido de conservar la memoria y patrimonio de toda una nación como sí lo tuvo el sabio jesuita quiteño.

En todos estos decenios la Biblioteca Ecuatoriana Aurelio Espinosa Pólit ha recibido múltiples reconocimientos. Sólo por citar los más representativos mencionaré a la “Ley de la Biblioteca Ecuatoriana Aurelio Espinosa Pólit” del Congreso Nacional expedida en enero de 1995; el Premio Nacional Eugenio Espejo de noviembre de 1999; el Premio Pío Jaramillo Alvarado otorgado por la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (FLACSO) en abril de 2000, y el certificado otorgado por la UNESCO por custodiar la Memoria Científica de América Andina incorporada en el registro de la Memoria del Mundo de América Latina y del Caribe en septiembre de 2002.

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