Edificio Patrimonial

Conoce la historia del edificio donde se encuentra la BEAEP

Edificio Patrimonial

¿Sabías que el edificio donde actualmente se encuentra la BEAEP fue parte de todo un complejo levantado por los jesuitas y que hacia mediados del siglo XX fue uno de los más importantes centros generadores de cultura en América Latina?.

En efecto, el edificio que actualmente alberga a la BEAEP, fue construido en los años 40 como la nueva y amplia sede del Colegio Loyola en el que se formaron varias generaciones de ecuatorianos, muchos de los cuales abrazaron la vida religiosa en la Compañía de Jesús.
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Junto al Noviciado y al Colegio Máximo –destinado a los jesuitas en formación- hicieron que la antigua “Quinta Loyola” -que los jesuitas adquirieron en 1910 para trasladar la Casa de Formación de Pifo que fue comprada por el Gobierno- se convierta en un emporio de conocimiento y generación de ideas reconocido incluso a nivel internacional.   Personalidades de la talla de Ignacio Ellacuría y de Rutilio Grande pasaron por los claustros de este edificio patrimonial.

No fue casual que los jesuitas escogieran Cotocollao para instalar su principal casa de estudios.  En la primera mitad del siglo XX, Cotocollao era un poblado pequeño, tranquilo, con un clima suave, alejado del trajín de la capital pero a la vez cercano a ella.   Además, Cotocollao era, desde tiempos inmemoriales, un punto clave en la comunicación con la Sierra Norte y aún con la Costa, a través del Noroccidente de Pichincha.  

En su plaza principal se intercambiaban frutos cultivados en la Sierra por otros traídos de la Costa por los Yumbos, los habitantes de las estribaciones de la cordillera.   De hecho, hasta hoy, la principal fiesta popular de Cotocollao es la Yumbada que rememora esos encuentros ancestrales.

El crecimiento urbano desmesurado de los últimos cincuenta años absorbió por completo al pueblo de Cotocollao. Dejó de ser la “égloga viviente” descrita por el escritor quiteño Nicolás Jiménez.

Hoy en día es un crisol en el que conviven muchas culturas en medio de una vorágine existencial y comercial.  No obstante, la BEAEP, su edificio patrimonial y todo el acervo que encierra, continúan ahí para recordarnos nuestras raíces.

De este modo, así como Cotocollao era –y sigue siendo- un punto neurálgico del comercio, los jesuitas pensaron que también podía ser un lugar de encuentro y transmisión de ideas.   Un lugar donde habite la memoria.

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