FEBRERO 

Cuidado, ternura y re-conocimiento

 

El filósofo y sociólogo francés, Jean Baudrillard, en sus textos ya advertía que vivimos en una cultura de la simulación. Hoy con un mundo tan convulsionado y complejo, nuestra percepción de la realidad y del mundo, se torna más complejo en medio de discursos distorsionados y cámaras de eco que refuerzan nuestras lecturas, gustos y creencias.

De algún modo, lo que leemos e interpretamos se adelanta a la realidad y configura nuestra mirada; la representación sustituye a la experiencia real y, así, la historia, el arte, la cultura y la memoria, corren el riesgo de convertirse en espectáculo, en eventos de superficie sin profundidad. En este contexto nuestra capacidad de re-conocernos se diluye en representaciones poco reales de nosotros como comunidad, como país, como proyecto compartido de nación.

Frente a esta lógica de lo efímero y lo inmediato, te proponemos volver a la experiencia viva, al encuentro con la memoria, al diálogo crítico con el pasado para iluminar el presente en la sala de lectura, en las salas de exposición, a través de nuestra hemeroteca y archivo. No como mero romanticismo o sentimiento de nostalgia, sino como un acto de responsabilidad ética y ciudadana, que se compromete con la construcción de su propia realidad.

La Biblioteca, como obra cultural de la Compañía de Jesús, está llamada a ser luz del mundo y sal de la tierra, como lo dice el evangelio. Cómo hacer realidad este precepto, si no a través del diseño y construcción de experiencias y ambientes donde la información y el conocimiento no se encierra, sino que se comparte; donde la memoria no se congela, sino que se activa; donde la cultura se pone al servicio de la justicia, la fraternidad y la reconciliación. Custodiar siglos de producción intelectual ecuatoriana no es solo conservar documentos: es ofrecer sentido, abrir preguntas, generar conciencia y esperanza. Con este, y otros criterios, trabajamos nuestra agenda.

Febrero encarna esta vocación. Por ello abrimos un primer momento de la Escuela de Mediación Educativa No Formal, una capacitación que fortalece a educadores y mediadores para trabajar en clave inclusiva y creativa con los diversos públicos. También continúan los recorridos nocturnos teatralizados con Quito Eterno, que invitan a redescubrir el patrimonio desde la emoción y la curiosidad.

Las actividades educativas y comunitarias —como Misterios en la Ciencia, las activaciones lectoras, los conversatorios históricos, el Día del Bibliotecario Ecuatoriano y la jornada abierta Un día en la Aurelio— confirman una biblioteca que se abre, dialoga y se deja habitar por públicos diversos.

Vale destacar la especial relevancia que tienen los procesos de trabajo colaborativo con los colectivos comunitarios y editoriales independientes, que permiten la creación conjunta de nuestra agenda, y así ampliar voces y construir relatos más justos e inclusivos. A más de los eventos generados con Cotocollao Tierra del Trueno, en pocos meses esperamos también incorporar propuestas artísticas y proyectos de investigación, resultado del trabajo colaborativo con algunos colectivos afroecuatorianos de nuestra ciudad.

Cada encuentro, cada recorrido, cada lectura compartida es una invitación a salir de la simulación y entrar en la experiencia, a acercarnos al acervo patrimonial de la Biblioteca, pero sobre todo a mirarnos y cuidarnos a nosotros mismos, como personas, como familias y como sociedad. Desde una mirada tierna que procura un cuidado de quiénes y cómo habitamos nuestro mundo, nuestra realidad. Esta condición con nosotros mismos se vuelve un acto profundamente político y profundamente humano en un mundo complejo y polarizado.

Febrero es, así, una puerta abierta. En la Aurelio no solamente se conserva la memoria del país, se la activa, se la dialoga y se la pone en movimiento, convencidos de que solo desde el encuentro con nuestra historia podremos construir un Ecuador más consciente, más fraterno y más justo.

Porque en la Aurelio eres protagonista de nuestra historia.

 

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