La Biblioteca Ecuatoriana, ayer y hoy

                                                                                                                                                                    José Nevado de la Torre, S.I.

                                                                                                                                                                                 Director

 

La Biblioteca Ecuatoriana es el fruto de la amplia visión y el notable esfuerzo de un verdadero patriota ecuatoriano, el P. Aurelio Espinosa Pólit. En el artículo de presentación de la Biblioteca, señalaba él:

La Patria es algo más que el suelo amado que nos vio nacer; es algo espiritual que debe informar nuestra vida. La huella sensible del alma de la patria está en los escritos de sus más esclarecidos hijos, tanto y más quizás que en los edificios coloniales y los monumentos a los próceres. Conservar cuidadosamente estos escritos, no solamente los de los más grandes, sino aun los de los más humildes, tal es el fin de la Biblioteca de Autores Ecuatorianos, que recientemente se ha fundado en el Colegio Noviciado de Cotocollao.

Así declaraba el P. Aurelio en mayo de 1930. La Biblioteca había comenzado a formarse unos meses antes, en 1929.

La primera base de esta Biblioteca la constituyeron los volúmenes que se pudieron recobrar de la del difunto doctor don Aurelio Espinosa Coronel,

papá del P. Aurelio. Y el incremento y ordenación se debieron a la generosa ayuda económica de su madre, la señora Cornelia Pólit de Espinosa.

 

El P. Aurelio murió el 21 de enero de 1961, a los 67 años de edad. En

1970 la Biblioteca se trasladó a su sede actual, el antiguo Colegio Loyola, en el mismo Cotocollao. El 10 de enero de 1995, el Congreso Nacional declara a la Biblioteca Ecuatoriana “Aurelio Espinosa Pólit” Institución de Interés Nacional, la constituye Biblioteca–Archivo del Depósito Legal del Libro y Publicación ecuatorianos. Esta ley del Congreso ha sido ratificada en la reciente Ley Orgánica de Cultura, promulgada el 30 de diciembre de 2016, artículo 39, párrafo 3º:

La Biblioteca Aurelio Espinosa Pólit es la Biblioteca Archivo del Depósito Legal del Libro y Publicación Ecuatorianos, al amparo de su ley de creación y lo previsto en la presente Ley.

Como se ve, en ambos documentos jurídicos se le da el nombre de Biblioteca Ecuatoriana Aurelio Espinosa Pólit, en muy merecido reconocimiento a su fundador y gran impulsor.

 

Después de la muerte del P. Aurelio, la BEAEP ha tenido varios

directores, entre los que es de justicia destacar al P. Julián Bravo Santillán, que la cuidó, la conservó y la llevó adelante durante 35 años, del 1965 al 2000.

 

La BEAEP se está poniendo al nivel que exigen las tecnologías actuales.

En los diez años anteriores se habían digitalizado dos millones de páginas; en  los dos últimos se han digitalizado cuatro millones más. Por ejemplo, tenemos digitalizado El Comercio desde el 1906 hasta el 2000. Dentro del proyecto Memoria Ecuatoriana, además de la digitalización, se ha trabajado, y conseguido, el museo virtual, la biblioteca virtual, el catálogo en línea del fondo general, el inventario de fondos especializados,…

 

La BEAEP tiene un fondo general de unos 300.000 libros, un archivo de

medio millón de documentos, la mejor colección de revistas y periódicos ecuatorianos, e infinidad de hojas sueltas. También es notable la colección de mapas (7.392), de los que el original más antiguo es de 1639. El herbario recogido por el P. Luis Sodiro desde los últimos años del siglo XIX hasta 1920, es referencia para el mundo entero de la Botánica. El museo, además de esculturas y pinturas desde el tiempo de la Colonia hasta el siglo XX, tiene un componente histórico donde, entre otros objetos relevantes, se muestran la pila donde fue bautizado Eloy Alfaro y el machete con que fue asesinado Gabriel García Moreno. En uno de los corredores se puede admirar una notable colección de cerámica prehistórica ecuatoriana; en otro corredor, la más numerosa colección de mariposas del Ecuador.

 

No exageramos si decimos que, en total, somos los depositarios de

más de dos millones de elementos que ayudan a conservar y dar a conocer el alma de la patria, como quería el P. Aurelio Espinosa.

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